próxima fecha

es el mismísimo día
que cumplo 31 años
vení a festejar
a la hora que quieras
"es una fiesta privada"






¡Y salú!


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Julián Urman

Vayan con tiempo ya que no hay
muchas entradas disponibles y
somos puntuales por única vez
en la historia





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Alianza Francesa
Sala Biblioteca
viernes 14 de agosto
19 horas - puntual
Av. Córdoba 936


vamos a tirar los libros por la ventana

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Federico Levín

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Osvaldo Rodríguez

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Próxima fecha

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vamos a tirar los libros por la ventana

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Autogol

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Nunca nos fuimos...




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Mucho más que dos

Marina Kogan estuvo ahí cronicando la fecha.

Es cierto, pasó un montón de tiempo, casi dos meses, y Funes (me parece) está un poco enojado (con razón). Fue un quince de abril. Ahí en la calle Moreno, donde se hace siempre.

Salí de casa con un poco de fiaca. Ya era tarde y (no recuerdo bien) quizá hacía frío, aunque el verano se extendió hasta hace poco, con unos días frescos apenas intercalados con los que superaban esos veinte grados deseados para la benevolencia de un día de otoño.

Cuando llegué, saludé a unas chicas y me fui al fondo, a la barra. Ahí estaba Funes. Pedimos una cerveza y comí una empanada (creo, tampoco recuerdo bien). Después sí, seguro, me senté con las chicas tamarisco y comí una picada con Sonia. Saludé a algunos, creo, pero no recuerdo bien a quiénes.

Llegaron los lectores. La lectura empezó. Yo escuchaba sumergida en una especie de melancolía: me remonté al veraño del año ´98, cuando conocí a Linne, colaborador de una revista adolescente que yo editaba por entonces. Los dos teníamos pelo largo y dieciséis años. A Gómez lo conocí poco después (yo creo que él no se acuerda), en verano del ´99 cuando ambos hicimos el taller de verano que daba Paszkowski en el Rojas. En ese momento, también, los dos teníamos pelo largo, y yo diecisiete. Gómez, no sé.

Escuché entre los recuerdos y la consigna de Funes: Consejos para el Padre Grassi antes de entrar a la cárcel. Supongo que una cosa (la consigna, la lectura, las conversaciones) sucedió tras otra, pero en el recuerdo se borronean en el humo del lugar (¿se podía fumar o lo estoy inventando? Había clima de fumar, eso seguro).

Linne leyó sobre Urman; Gómez sobre Terrasa. Todos pakokis pienso y me doy cuenta que no sé cómo se escribe. Ambos escritores sobre los que estos otros dos escritores escribieron sus textos eran ya, en el 2000, chicos destacados de ese taller al que íbamos todos. Después se hicieron amigos. Los textos tienen esa gracia particular de cada uno (las improvisaciones de Gómez, ese estilo tan Linne que no tartamudea al leer -¿me explican ese fenómeno?) y el efecto de un gran chiste interno que nosotros, los que estamos ahí, podemos entender y festejar. Dicen que las lecturas a veces resultan endogámicas. Esta edición de Los mudos, sin duda lo es. Lo bueno es que no pretende ser otra cosa. Si el tiempo hará cierta justicia o injusticia con el destino de los textos (Urman, Terrasa, en este caso) por qué no disfrutar en tiempo presente de la lúcida lectura que permite la amistad.
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Funesiana

tampoco teim fin


vengan que habrá anécdotas gratis
sobre el viaje a Chile

además de...


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update
terraza
va con
s
:
Terrasa
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Funesiana

Por Loyds


Tengo la adicción más estúpida del mundo. Mi vieja es alcohólica, hay gente que se desfonda la nariz, otros se pasan las temporadas de Lost con una ansiedad insoportable. Yo no puedo parar de hacer sudokus. Tengo un libro que tiene 1200 y ya me quedan pocos, pronto será hora de volver a stockearme. Dicen que es un ejercicio mental que previene el Alzhaimer y, teniendo en cuenta que mi abuela espichó de esa enfermedad del orto es una buena forma de justificarme. Aunque esté estúpido y no haga casi ninguna otra cosa. Aunque sólo de tanto en tanto algún imprevisto me saque de mi letargo numérico.

Hoy, por ejemplo, recibí un mail de mi editora que dice que la última nota que le mandé, un mamotreto ilegible sobre una tienda neoyorquina de ropa tradicional, tiene el doble de los caracteres necesarios. A podar, me escribe. Y yo haciendo sudokus: uno más, digo, y se me pasa la mañana, el día y la vida. Pero tengo que cobrar la nota. Además mi editora está buenísima y no quiero enemistarme con ella, porque mi mayor anhelo es poder bajarle la caña algún día. Así que corto aquí y allá y convierto el mamotreto en una serie de telegramas, ilegibles también, para volver lo antes posible a mi libro de sudokus.

Cuando estoy descifrando uno muy hijo de puta, me llama Funes. Dice que le arreglaron el teléfono. El tipo estuvo como 10 días sin móvil y nuestras comunicaciones decrecieron considerablemente. Una herida mortal para mi maldita adicción, porque de un tiempo a esta parte había empezado a colaborar con él en su editorial artesanal, haciendo libros a mano, y eso era lo único que conseguía mantenerme alejado de mis tentadores numeritos. Funes me comenta que esta noche vuelven Los Mudos, el ciclo de narrativa que traspolé a las calles de Malasaña, en Madrid. Le digo que sí, que me llegó el mail recién hoy y que tengo una parrillada con mi banda de vagos amigos, pero que trataré de llegar más tarde, al menos para ponernos al día y clavarnos unas cervezas.

¿Y el texto?, pregunta. ¿Qué texto?, le contesto. El que tenés que leer, boludo. Y ahí mi cerebro abandona los fucking númeritos sudokianos y vuelve hacia atrás en un repaso de los últimos días. En su incomunicación telefónica Funes me mandó un par de mails hablando de algunas cuestiones de la editorial y en uno de ellos me pedía un texto inspirado en alguno de los títulos funesianos. ¿Tipo reseña?, le respondí, siempre por mail. No, algo que te haya inspirado la lectura de alguno de los libros. En ese momento tomé nota y lo dejé para más adelante, total no había apuro y cualquier excusa es buena para poder sumergirme en un nuevo sudoku. Pero resulta que el texto ese que tenía que escribir era para leer esta misma noche en la apertura de Los Mudos. Joder, pensé, ¿tan estúpido estoy que no puedo concentrarme siquiera en la lectura de un mail? Pero Funes me dice que en una de esas su mensaje no fue del todo claro, que igual me caiga a tomar unas birras, que está todo bien.

Corto el teléfono y me meto en la computadora. Abro mi correo electrónico: el mail de Funes se titula Los Mudos y claramente me pide que escriba un texto acerca de cualquiera de los libros de la editorial menos Rocanrol. Pero nada dice acerca de leer ese texto en público y mucho menos este miércoles. Voy al mail de invitación a Los Mudos y veo que después del afiche (lo único que había visto antes, entre sudoku y sudoku) hay un choclo larguísimo que, entre otras cosas, anuncia mi lectura. Un papelón letal. ¿Qué hacer, cómo escribir algo sobre algún título funesiano si el único que leí recientemente es Rocanrol, justamente del que no tenía que escribir? Hace tiempo leí la Escolástica Peronista Ilustrada de Godoy, un poema eterno y genial donde todo se vuelve peronista, y también estoy algo familiarizado con Los Pacoquis, una plaqueta de poesía del más crudo Levín, cuya semejanza con cualquier hecho o personaje de la vida real puede ser sólo atribuida a la casualidad. Pero mi memoria deteriorada jamás me permitiría ahondar más profundamente en esos textos sin volver a leerlos.

Córdoba – Buenos Aires – Rosario, antología que alterna a la gloriosa vanguardia del Open Gallo con lo más encumbrado de la literatura joven cordobesa, es una rareza prácticamente inhallable: yo tengo una primera edición limitada (existieron menos de 20, dicen) en alguna de las cajas que hibernan en casa de mi hermana desde mi regreso a Buenos Aires. No puedo escribir sobre ella por falta de precisión y porque hay un cuento mío, pero las ganas de releer esos textos de pronto me invaden. Hasta que empiece el próximo sudoku, supongo.

¿Poesía para Gerentes? Cada vez que quise leerlo estaba agotado, sin duda se encuentra entre mis próximas lecturas, pero recién ahí podré confirmar por escrito todos los elogios que he venido escuchando. Conozco bastante bien lo que hacen Jaramillo y Lamberti, de escucharlos en lecturas y tertulias, y también sé que voy a devorar sus libros apenas mis malditos sudokus me den algún respiro. Hasta entonces no podré inspirarme en ellos para escribir un texto propio.

Antes de salir arando para la facultad (hoy es mi primer día y ya estoy llegando tarde) hago un racconto de las últimas horas, huérfanas de sudokus, y no puedo dejar de esbozar una sonrisa: la Editorial Funesiana sigue logrando paliar, al menos en parte, mi adicción. Las ganas de leer los títulos pendientes, de volver a disfrutar de esos textos artesanalmente encuadernados, crecen en mi cabeza y los malditos números van siendo reemplazados uno por uno por letras que forman palabras. Y de pronto se me ocurre que tal vez esta noche, entre una cerveza y otra, pueda compartir esto que me pasa con la gente que vaya a Los Mudos y, por qué no, comprar otro funesiano para mi biblioteca. Espero, eso sí, que a Funes nunca jamás se le ocurra editar libros de sudoku.


*

Una crónica al ritmo ensordecedor de los mudos

miércoles 25 de marzo de 2009


La noche de los miércoles es decisiva, o tocamos fondo (y cielo) a mitad de semana y hasta el sábado estiramos en automático o fintamos la posibilidad de descarrilamiento y postergamos al fin de semana la necesidad de sacarnos la cabeza. Los Mudos toca miércoles y si hacemos en dos columas un cuadro general de la dinámica culturalnocturna de Buenos Aires el ciclo de La Funesiana va derecho a la columna del haber (elegido el descarrilamiento). Este martes fue feriado así que varios estamos todavía reponiéndonos de los festejos del golpe de Estado -yo misma estoy al fifty-, quizá por eso las personas parecen algo apagadas y recién a las 10 de la noche arranca el ciclo programado para una hora antes. El muchacho del mic es Funes, ¿Qué hace el muchacho del mic parado delante de una guirnalda, con una gorra Renault, en un escenario semivacío iluminado con una luz amarilla que forzaría a la calidez hasta a una marcha nupcial? Anuncia, el tal Funes anuncia.

El ciclo retoma la actividad después del receso estival. La novedad es que se mantienen los sorteos, los premios de hoy son: dos revistas Genios, una bufandita, una lapicera, un lanzaminas, un anotador, otra lapicera y portaminas Renault, varias gorras, un funeskine y dos litros de cerveza. Los premios son una mierda pero sería de idiota no participar de la kermesse: se escriben dos frases y se coloca una en una bolsita, de allí saldrá la frase ganadora; echar el papelito es un camino de ida a la surrealidad. Esta vez las frases deben tener un leit motiv, la frase de Susana: “el que mata tiene que morir”; Funes da una ayudita y sugiere: “el que garcha tiene que acabar”. Parado sobre ese escenario el tipo sigue anunciando: anuncia que lo que vendrá en la noche es la lectura por Jimena Repetto de un texto inspirado en Rocanrol de Sebastián Pandolfelli, anuncia la lectura de Loyds de otro texto que secuela algún libro de la Editorial Funesiana, luego anuncia una nueva sección denominada “catarsis cíclica” -cuya descripción esta cronista no entendió-, y finalmente anuncia, porque este pibe no para de anunciar, que siempre quiso un programa de radio y esta noche lo va a tener.

Un tal Diego sube al escenario y toca en la guitarra algunas baladitas mientras Funes inaugura una nueva sección en la que lee, en forma precoz, las frases antes de hacer el sorteo: “El que tiene un blog que se banque los comentarios”, “El que abraza tiene que besar”, “El que escribe tiene que publicar”, “El guitarrista tiene un gran pene”. El público, de la mano de la última frase empieza a soltarse, el miércoles florece de a poco en los vasos discontinuos, el acusado de biendotado y ahora sonriente toca Piazzolla, bosanova y unas milongas. El público pide The Beatles a los gritos, “¡Penny Lane!”, el guitarrista improvisa, nadie se anima a cantar. Y vuelve el tango.

Más birra. Empanadas vacías. Buen precio.

Otra vez el muchacho de la gorra sube al escenario con papeles, va a leer una versión reducida de un cuento de su autoría. En el prólogo a su lectura cuenta que actuó en una película, “El Bonaerense”, que un poco sobre eso trata el cuento del que va a leer el capítulo 4. Hay una breve intervención del público en el sentido de que el primo de la chica que habla también actuó en esa premiada película. Ah, copado ¿Acá cualquiera se pone a hablar en voz sonante interrumpiendo al del escenario? Sí, la sensación general es que Los mudos es como un carnaval.

El verdadero Funes lee el relato de esos días previos al rodaje y copta a atención de todos, no se sabe si es la luz o la latencia que dejó el vacío de ruido: el tono logrado es íntimo, Funes nos participa de una experiencia siniestra. Entrenamiento actoral para ser policía: “Con vos la pegamos, ¿eh?”, dice el relato.

Cerca de 30 personas a las 23,35 hs. y a Funes sobretodo le sale muy bien la voz de milico. El muchacho del mic ayuda en la difícil tarea de seguir un relato oral engendrado para ser leído, la mente se pierde en una palabra, en un sonido, una mirada que llama; cuán difícil es seguir el relato: “Ya me perdí”, “yo también”, “bueno… shh”. Todos mudos los del público por primera vez, escuchar narrativa no es como escuchar poesía, la comprensión de la primera depende quizás un poco más de la imaginación visual, holística, de quien escucha. Hay que seguir la trama e imaginar el mundo al que refiere, hay-que, mientras ya sabemos que la poesía son retumbes en el vacío, nombres sin cosas.

Funes detalla en tono confesionario y las hojas que sostiene están impresas también del lado de atrás, están recicladas. Todo acá es así, usufructuado al máximo, preciosista con los recursos que se tiene a mano: artesanal, como más adelante dirá Loyds que la Funesiana es: una editorial ar-te-sa-nal.

Baja Funes del escenario y vuelve a subir, sigue le show. Con música de fondo al peor estilo espectáculo de peatonal de la costa bonaerense comienza el sorteo, ¡ni la corneta falta!: “mas blogger serás vos”, “al que le guste el durazno que se banque la pelusa”. El ritmo ensordecedor de los mudos. Cada frase lleva su premio: “el que quiere jugo, que exprima”, “no me preocupan las armas nucleares”, “perdí la virginidad en la oficina de arriba”, “el que toca no baila”, “el que abraza tiene que besar”.

Roxette canta en español. Birra, birra, ¿hola que tal?

Suben al escenario Jimena Repetto, Diego y Sebastián Pandolfeli, cada hombre toma una guitarra, ella sentada en el medio empieza su lectura del texto que le inspiró Rocanrol, el libro que viene con una púa de regalo. Tum, tum, musiquita, la luz cálida de siempre y la colorada Repetto en lectura pausada, precisa, monocorde usa frases como “son patitos de un lago de vanidad”, “hay ciertos códigos que no son leyes sino pactos”, “para ver si por una hendija se asomaba el paraíso”. Este discurso me deprime tontamente, parece un panfleto escrito por una directora de escuela que alecciona moralmente a su alumno “El corcho”, protagonista de Rocanrol. Es como un monólogo pero en segunda, me cuenta Jimena, quise romper el tono coloquial de Rocanrol. Hablo con ella y me convenzo de que el tono maestra ciruela fue un efecto buscado ¿Leíste el libro? me pregunta; no, le respondo; es como Cucurto o Incardona, sugiere; ah, muy actual, le digo.

Entonces la Funesiana: artesanal y actual.

Humo. Birra. Amistades nuevas, mails.

Funes presenta a Loyds, cuenta que trabaja en la editorial, que es como un Funes recargado. Son las 12 y 23 y ahora hay 45 personas. Pronto sube Loyds con una remera de Green Day, la cabeza gacha, el pelo cubriendo los ojos; jugar con adicción al sudoku y escribir el doble de caracteres para una nota son los dos lados de Jano, son las cosas que Loyds dice que le pasan: lo que se chupa por un lado se escupe por el otro. Habla de La Funesiana, ya lo dije, como editorial artesanal, y del pedido de “un texto que te haya inspirado alguna de las lecturas de los libros”, lee rápido, lee bien, es divertido. Hace un metatexto del texto que debió haber escrito y no existe, repasa títulos de la editorial. Juega a perdedor, da para ser su amigo.

Risas. Birra. Fotos. Hola, ¿qué tal?

Ahora sí, el programa de radio: “si la vida te da la espalda, tocale el culo”, dice el conductor que es otro y no más Funes, porque ahora todos nos comimos el cuento y entramos al eter. El público sentado junto a las mesas se transformó mágicamente en oyentes de radio y potenciales llamadas entrantes a la estación. Matías Pitrella es el operador de esta FM que no escatima hitazos.

Llama Alicia de Morón, travesti, desde el lado derecho de la sala. En esta estación hay marginales.

La sombra en los ojos de Funes lo dibuja turbio por más de que no deje de hablar gansadas.

Otro llamado: pareja sin hijos, a él lo nombran planta permanente. En esta estación trabajadores precarizados comentan su ascenso social.

Otro llamado: Tutti frutti animal con R es el juego de esta tanda: “Rinoceronte, ratón, rata, rana”, dice raudo el oyente desde el fondo de la sala justo al lado de la barra. “¡Ehehe!” todos gritamos porque sentimos cuán cerca estamos de alguien con un don: el don del tutti frutti animal ¿Con qué personaje famoso relacionás al rinoceronte? Pregunta el locutor (que es otro, no es Funes), con Terranova, responde el culto oyente. “No, perdiste, dije personaje famoso”, dice el conductor inculto del programa, que no es el conductor del ciclo Los Mudos.

Otro llamado, desde Lugano, misterioso. Animales con C, camello: Victor Sueiro (por la vida en la joroba); cocodrilo: Sofovich (por el cocodrilo en el bolsillo); cabra: María Marta Serra Lima (porque le da para adelante como una cabra); canguro: Pablo Echarri (porque salta de un personaje a otro). Otro oyente rápido, ocurrente, drogado.

El siguiente llamado es “Diego, el entrenador del combinado nacional” que cuenta que su hijo Benjamín debe su nombre a Walter Benjamín, un filósofo de moda hace mucho. El Diego pide un tema: “Noches mágicas”, la canzonetta del Mundial 90, pero Pitrella –el sonidista mudo- no lo pone, porque somos gente actual. Ya se dijo: artesanal y actual.

Otro llamado: la chica colombiana de la barra se perdió en la traducción, nunca jugó al tutti frutti y tiene un conjunto de soplones que le dan apoyo. Es divertida, la cosa boba de decir cualquier cosa siempre tiene éxito masivo, y si no fíjense en Susana y la cantidad de rocanrol discursivo que creó con una frasecita inocente.

Más birra, aún más. Y todavía quedan los sorteos de las cervezas. Gana dos veces la misma chica, ella dice que la va a compartir con los casi 50 que somos, “¡Colectivización de la cerveza!”, grita un entusiasta.

“Olvidemos que esto pasó” es la última frase que ganó.


*

Volvemos

la primera vez


pensaste que no lo hacíamos este año
te equivocaste
pensaste que no habías podido ir
te equivocaste
pensaste que ibas a recibir un mail invitación
eh... ahí no te equivo... sí, te equivocaste... bah, no...

-Pará. ¿Se equivocaron o no se equivocaron? Decidí canción, viejo.
-Nah, sí.
-¡Sí o no!
-Es que este blog tiene un tráfico de gente tan grande que...
-Me estás chamuyando.
-... tenía ganas de probar si vendrían de sólo leer la agendita.
-¿Y qué pasó?
-...
-¿Te arrepentiste?
-Y... mirá si no revisan nada y no viene nadie.
-Si no va nadie no va nadie.
-Bueno pero no.
-Alguien va seguro.
-Pero van a decirme que no avisé con tiempo...
-... y es cierto...
-... que no saben llegar...
-¿Eh?
-Sí, no sabés, cada excusa...
-Pero no se animan a decirte que no les gusta la movida y listo...
-Sí, bueno, podrían decirlo y ya.
-Hay gente que tiene modales.
-Boah, ahí vamos de nuevo...
-No, no; es cierto. Vos no tenés tacto, man.

pensaste que no tenías nada que hacer el miércoles
te equivocaste
pensaste que quedaba lejos
te equivocaste
pensaste que no podrías conseguir drogas en una lectura
te equivocaste
pensaste que la...

-¡Shttt!
-¡¡Ey, estoy en el medio de algo acá!!
-Cuchame, borrá lo de las drogas.
-¿Eh? ¿Por?
-Y... no queda muy bien...
-¡Pero me vas a decir ahora que...
-¡¡Shtt!! ¡Tacto, tacto! Acordate
-¡OOOOfffffff!

pensaste que no podrías conseguir... cerveza... en una lectura
te equivocaste
pensaste que la Funesiana no tenía aguante
te equivocaste
pensaste que no te podías divertir
te equivocaste
pensaste que podías ir
te equivocaste

-¿!¡?
-Nah... un chiste.

dale, vení, no te equivoques más

-¡Shttt!
-¡¡¿¿Qué??!!
-¿Quiénes leen?

vení a Los Mudos
leen
Jimena Repetto
-acompañada por un músico-
Loyds
Funes
y un invitadx sorpresa
presentan la Editorial Funesiana

-Ademáááás...
-Ah, sí...

Además, tenemos cronista invitada
de lujo. Viene a registrar la noche,
hacer preguntas y anotaciones varias
(que colgaremos en el blog oficial)
además de participar en los sorteos...
La incuestionable, la originalísima
la particular y especialmente inteligente

¡Agustina Paz Frontera!

-Bien ahí...
-Esa... ¿te gustó?
-Va bien, va bien. ¿Y sigue el asunto birras gratis?

Para colmo...
¡Sigue el asunto de las birras gratis!
Dos litros de cerveza para la fiel monada de siempre,
¡en algún momento de la noche!

-Esa, carajo... ¿puedo ir con amigos?

¡¡Podés venir con amigos!!

-¡Shttt!
-¿Qué pasó?
-Qué es esto que dice acá...
-Ah, sí...

Además, incorporamos dos nuevas secciones al ciclo
Catársis Muda y el programa de radio que nunca pude tener

-¿¿¡¡!!??

¿Tenés ganas de insultar a alguien, al coordinador del ciclo,
las mozas de los bares, los escritores, los músicos, tu jefx,
la señora Presidente, a De Angelis, a Susana, querés mandar
a matar a los Susanos, al Corcho Rodríguez o invitar a alguien
a cenar y no se te había ocurrido cómo hacerlo?

Vení a Los Mudos

-Ya no tengo excusa.

No tenés excusa
Vení...
y no te hagas rogar
boludx



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